Dar es maravilloso, la generosidad es un valor claramente positivo y aceptado por todos.
Pero solemos entenderlo literalmente a medias.
Tan importante es dar a los demás, como darse a uno mismo.
Es más, si no te das a ti mismo, difícilmente podrás dar a otros lo que no tienes.
Observa, porque el entender la generosidad a medias nos suele hacer olvidar que:
- Si soy generoso sólo con los demás, puedo enfermar y acabar dependiendo de la generosidad ajena. Paradoja.
- La generosidad brilla cuando no hay juicio.
- Yo sé cuándo soy realmente generoso, y es cuando no necesito que se sepa, ni que me lo agradezcan, ni ningún tipo de reconocimiento.
- A veces la generosidad es un disfraz del miedo a que no me quieran.
- Otras veces parece una especie de maquillaje exagerado del hecho de me he olvidado de mí.
Te mereces la generosidad, la que tú te des y la que desde fuera te quieran regalar.
