Lo llevamos muy dentro en nuestra cultura occidental.
En general nos vuelve víctimas o en el otro extremo, nos hace venirnos arriba y ponernos en guerra en modo: ¡a la mierda!
Te propongo un ejercicio constructivo:
- Primero admítelo. Está ahí. Sí, tienes miedo a errar, fracasar, a ¡patinarte!
- Una vez lo aceptes, ponlo en frente de ti.
- Míralo a los ojos y dile que quieres conversar con él.
- Invítale a sentarse contigo. En la silla de en frente o al lado en un banco…
- Pídele que por favor te cuente porque está acechándote y molestando. Que ahora escuchas y quieres saber qué pasa.
- Escúchale atentamente… hazle preguntas, seguramente te narre cómo a eso de equivocarte no le debes tener miedo si no pavor. Pregúntale por qué y tendrá ideas muy específicas de las cosas horribles que ocurrirían.
- Por cierto, mírale bien, ¿qué aspecto tiene? ¿Cómo está?
- Coméntale todas las cosas buenas que pueden ocurrir si no te equivocas. ¿Qué hace?
- Que fluya el diálogo, aprovecha que le tienes ahí para entenderle, su intención es buena, quiere protegerte.
- Empezareis a entenderos e incluso a caeros bien.
- Os despedís hasta la siguiente, habéis entendido las 2 posturas
Ahora desde la calma y con el miedo como aliado estás en un lugar centrado desde el que decidir.

Una última sugerencia: igual antes, te animas a consultar y hablar con tu corazón también..
Las decisiones acertadas no lo son por los resultados que obtienes sino por las razones por las que las tomas.
